Hay personas cuya vida queda profundamente unida a la historia de la Iglesia. San Juan Pablo II fue una de ellas.

Durante casi 27 años fue obispo de Roma y recorrió numerosos países llevando un mensaje que repitió incansablemente: no tengáis miedo de abrir las puertas a Cristo.

Fue un Papa cercano a los jóvenes, defensor de la dignidad de toda persona y un gran evangelizador. Vivió momentos muy difíciles de la historia del siglo XX, pero nunca dejó de confiar en Dios.

Su vida estuvo marcada por el sufrimiento, la oración, el amor a la Virgen María y una profunda entrega a Jesucristo.

¿Quién fue San Juan Pablo II?

San Juan Pablo II nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, Polonia. Su nombre era Karol Józef Wojtyła.

Fue el segundo hijo de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska.

Su infancia estuvo marcada por algunas pérdidas dolorosas. Su madre murió cuando él era todavía muy joven y, algunos años después, también falleció su hermano. En 1941 murió su padre.

Karol quedó prácticamente solo, pero aquellos sufrimientos no destruyeron su fe.

Al contrario, fue descubriendo progresivamente que quería entregar su vida a Dios.

Una juventud marcada por la guerra

Cuando Karol Wojtyła era joven, Polonia fue ocupada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

La situación fue extremadamente difícil.

Karol tuvo que trabajar para ganarse la vida y evitar la deportación. Trabajó, entre otras cosas, en una cantera y en una fábrica química.

Durante aquellos años también participó en actividades culturales clandestinas.

Pero mientras el mundo que conocía se derrumbaba a su alrededor, crecía en él el deseo de convertirse en sacerdote.

Comenzó su formación sacerdotal de manera clandestina durante la ocupación nazi.

Finalmente, fue ordenado sacerdote en 1946.

Sacerdote, obispo y cardenal

Después de su ordenación, Karol Wojtyła continuó sus estudios y comenzó a ejercer el ministerio pastoral.

Tenía una especial cercanía con los jóvenes y disfrutaba acompañándolos en su camino de fe.

En 1958 fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Más tarde se convirtió en arzobispo de Cracovia y, en 1967, fue creado cardenal por el papa Pablo VI.

Participó activamente en el Concilio Vaticano II, donde pudo aportar su experiencia y su reflexión sobre la Iglesia y el mundo contemporáneo.

Pero todavía nadie imaginaba que aquel sacerdote polaco llegaría a convertirse en uno de los papas más conocidos de la historia reciente.

«Habemus Papam»

El 16 de octubre de 1978, los cardenales reunidos en Roma eligieron como nuevo Papa al cardenal Karol Wojtyła.

Tomó el nombre de Juan Pablo II, en continuidad con sus predecesores Juan XXIII y Pablo VI.

Era el primer Papa no italiano en varios siglos y el primer Papa procedente de Polonia.

Cuando apareció en el balcón de la Basílica de San Pedro, pronunció unas palabras que quedarían grabadas en la memoria de millones de personas:

«¡No tengáis miedo! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!»

Aquellas palabras expresaban perfectamente el espíritu de su pontificado.

Un Papa que recorrió el mundo

Juan Pablo II comprendió que el Papa debía acercarse a las personas.

Por eso realizó numerosos viajes apostólicos y visitó muchos países de todos los continentes.

Se encontró con familias, sacerdotes, religiosos, enfermos, trabajadores, autoridades y, especialmente, jóvenes.

No quería que el Evangelio permaneciera encerrado dentro de los templos.

Quería llevar a Cristo a las calles, a las plazas, a las universidades, a las familias y a todos los lugares donde estuvieran las personas.

Sus viajes hicieron que millones de personas pudieran verlo y escucharlo personalmente.

El Papa de los jóvenes

Una de las características más conocidas de Juan Pablo II fue su especial relación con los jóvenes.

En 1985 instituyó la Jornada Mundial de la Juventud, una iniciativa que permitió reunir a jóvenes católicos de diferentes países.

Estas jornadas se convirtieron en grandes encuentros internacionales de oración, celebración y evangelización.

Juan Pablo II hablaba a los jóvenes con confianza y les recordaba que no debían tener miedo de comprometer su vida con Cristo.

Para él, los jóvenes no eran simplemente el futuro de la Iglesia.

Eran parte activa de la Iglesia en el presente.

«No tengáis miedo»

Esta frase se convirtió prácticamente en una de las características de su pontificado.

Juan Pablo II sabía que el mundo estaba lleno de miedo, violencia, guerras, pobreza y divisiones.

Pero también sabía que un cristiano no puede vivir dominado por el miedo.

Su mensaje no significaba que los problemas fueran pequeños o que no existiera el sufrimiento.

Significaba algo mucho más profundo:

si Cristo está con nosotros, no tenemos que afrontar la vida solos.

Por eso animaba constantemente a confiar en Jesús.

El atentado contra Juan Pablo II

El 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II sufrió un atentado en la plaza de San Pedro.

El papa recibió varios disparos y resultó gravemente herido.

Sobrevivió después de una compleja intervención médica.

Tiempo después, Juan Pablo II visitó en prisión a Mehmet Ali Ağca, el hombre que había intentado asesinarlo, y le ofreció su perdón.

Este gesto impresionó al mundo.

Para Juan Pablo II, el perdón no era simplemente una idea bonita. Era una exigencia del Evangelio.

Su comportamiento recordaba las palabras de Jesús:

«Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen» (Mt 5,44).

Un Papa profundamente mariano

Juan Pablo II tenía una profunda devoción por la Virgen María.

Su lema episcopal y pontificio fue:

Totus Tuus, expresión latina que significa «Todo tuyo».

Estas palabras expresaban su consagración a María y su deseo de pertenecer completamente a Cristo a través de ella.

Su escudo papal llevaba también la letra M, en referencia a María.

Juan Pablo II veía a la Virgen como una madre que conduce a sus hijos hacia Jesús.

Por eso, su devoción mariana nunca estuvo separada de Cristo. Al contrario, María era para él un camino que conducía hacia su Hijo.

El sufrimiento en sus últimos años

Juan Pablo II no ocultó su fragilidad.

Durante los últimos años de su vida sufrió diversas enfermedades y las consecuencias del envejecimiento.

Su cuerpo se debilitó progresivamente y cada vez le resultaba más difícil hablar y caminar.

Sin embargo, continuó ejerciendo su ministerio tanto como pudo.

Su manera de vivir aquellos últimos años ofreció también un testimonio muy importante: la dignidad de una persona no desaparece cuando pierde fuerza, salud o autonomía.

El Papa mostró públicamente el valor de aceptar el sufrimiento y vivirlo unido a Cristo.

La muerte de Juan Pablo II

San Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005, en el Palacio Apostólico del Vaticano.

Tenía 84 años.

Su muerte provocó una enorme manifestación de afecto en Roma y en muchos lugares del mundo.

Millones de personas habían encontrado en él un padre espiritual y un testigo de Cristo.

Durante su funeral se escuchó repetidamente una petición que reflejaba el cariño que había despertado:

«¡Santo subito!», es decir, «¡Santo ya!».

La Iglesia iniciaría posteriormente el proceso que conduciría a su beatificación y canonización.

¿Por qué San Juan Pablo II es santo?

Juan Pablo II fue beatificado el 1 de mayo de 2011 por el papa Benedicto XVI.

Posteriormente fue canonizado el 27 de abril de 2014 por el papa Francisco, junto con san Juan XXIII.

La Iglesia reconoce en él un ejemplo de santidad marcado por su profunda unión con Cristo, su amor a la Iglesia, su vida de oración, su devoción a María y su incansable labor evangelizadora.

Fue un pastor que dedicó gran parte de su vida a anunciar el Evangelio y a defender la dignidad de toda persona humana.

¿Por qué es importante recordar a San Juan Pablo II?

Recordar a San Juan Pablo II es importante porque su vida nos enseña que la fe puede vivirse con valentía en cualquier época.

Vivió bajo el nazismo, conoció el sufrimiento de la guerra y posteriormente vivió durante el período del comunismo en Polonia.

Nunca permitió que aquellas circunstancias apagaran su esperanza.

También nos recuerda que la Iglesia está llamada a anunciar a Cristo a todas las personas, especialmente a quienes están buscando respuestas sobre el sentido de la vida.

Y su vida nos deja una invitación especialmente poderosa:

No tengamos miedo de abrir el corazón a Cristo.

Cuando dejamos que Jesús entre en nuestra vida, puede transformar nuestras decisiones, nuestras relaciones, nuestros sufrimientos y nuestra manera de mirar el mundo.

Una cita bíblica relacionada con San Juan Pablo II

Una cita que representa muy bien su mensaje es:

«No tengáis miedo» (Mt 28,10).

Estas palabras aparecen en el Evangelio después de la Resurrección de Jesús.

El miedo había acompañado a los discípulos durante la Pasión, pero la Resurrección cambió completamente la situación.

Cristo había vencido la muerte.

Por eso, Juan Pablo II hizo de la confianza en Cristo uno de los grandes mensajes de su pontificado.

También podemos recordar las palabras de san Pablo:

«Todo lo puedo en aquel que me conforta» (Flp 4,13).

Esta confianza en Cristo acompañó a Juan Pablo II durante los momentos de fuerza y también durante los años de enfermedad y sufrimiento.

¿Cuándo se celebra San Juan Pablo II?

La Iglesia Católica celebra a San Juan Pablo II el 22 de octubre.

Esta fecha fue elegida porque corresponde al día en que comenzó oficialmente su ministerio como obispo de Roma, el 22 de octubre de 1978.

En aquella ocasión pronunció su famosa invitación:

«¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo!»

Por eso, cada 22 de octubre, la Iglesia recuerda especialmente su vida y su servicio como Papa.

¿Qué tipo de celebración es?

El 22 de octubre se celebra la memoria de San Juan Pablo II, papa.

En el calendario romano general es una memoria facultativa.

Su celebración invita a los fieles a recordar su testimonio y a pedir su intercesión para vivir la fe con valentía, especialmente en medio de las dificultades del mundo actual.

Un Papa que nos enseñó a no tener miedo

La vida de San Juan Pablo II estuvo llena de contrastes.

Conoció la guerra y la pérdida de seres queridos. Vivió bajo regímenes que limitaron la libertad religiosa. Fue víctima de un atentado. Experimentó enfermedades y sufrimientos durante sus últimos años.

Pero nunca dejó de anunciar una verdad:

Cristo está vivo y podemos confiar en Él.

Su vida nos invita a no esconder nuestra fe por miedo, a defender la dignidad de cada persona y a abrir nuestro corazón a Dios.

Tal vez también nosotros tengamos miedos: miedo al futuro, a los cambios, al sufrimiento o a no saber qué camino tomar.

En esos momentos podemos recordar las palabras que Juan Pablo II pronunció al comenzar su pontificado:

«¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo!»

Que San Juan Pablo II interceda por nosotros, nos ayude a vivir nuestra fe con valentía y nos enseñe a confiar siempre en Jesucristo.

San Juan Pablo II, papa, ruega por nosotros y ayúdanos a abrir de par en par las puertas de nuestro corazón a Cristo.