TERCER DÍA — San Juan Pablo II, testigo de la esperanza y apóstol de los jóvenes
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Lectura bíblica: «No tengáis miedo. Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo» (san Juan Pablo II, homilía de inicio de su pontificado, 22 de octubre de 1978).
Reflexión Estas palabras marcaron el comienzo de uno de los pontificados más importantes de la historia reciente de la Iglesia. San Juan Pablo II invitó al mundo entero a no tener miedo de Jesucristo, porque Cristo no viene a quitarnos la libertad ni la alegría, sino a mostrarnos el camino de la verdadera felicidad. Amó especialmente a los jóvenes. Los escuchó, recorrió el mundo para encontrarse con ellos y creó las Jornadas Mundiales de la Juventud. Les recordó que no debían conformarse con una vida mediocre, sino aspirar a la santidad y descubrir la grandeza de la vocación a la que Dios los llamaba. Su propia vida fue un testimonio de esperanza. Incluso cuando la enfermedad y la debilidad física limitaron sus fuerzas, siguió ofreciendo su sufrimiento y permaneció unido a la Iglesia. Nos enseñó que la dignidad de una persona no desaparece cuando pierde sus capacidades, y que el sufrimiento, unido a Cristo, puede convertirse en una ofrenda de amor. Hoy necesitamos escuchar de nuevo su mensaje: ¡No tengáis miedo! No tengamos miedo de vivir nuestra fe, de anunciar el Evangelio, de defender la verdad ni de comprometernos con nuestra parroquia. No tengamos miedo de invitar a otros a conocer a Jesucristo. Que su ejemplo despierte en nosotros un corazón misionero, dispuesto a servir y a llevar la esperanza a quienes más la necesitan.
Intención del día: Por los jóvenes, las vocaciones sacerdotales y religiosas, los misioneros y todos los que anuncian el Evangelio.
Oración final San Juan Pablo II, peregrino de la esperanza y apóstol de los jóvenes, ayúdanos a abrir de par en par las puertas de nuestro corazón a Jesucristo. Líbranos del miedo, de la indiferencia y del desánimo. Danos valentía para vivir nuestra fe, generosidad para servir a los demás y entusiasmo para anunciar el Evangelio. Intercede por nuestra parroquia, por nuestros jóvenes y por toda la Iglesia, para que seamos testigos alegres de Jesucristo en medio del mundo. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para todos los días San Juan Pablo II, pastor según el corazón de Cristo, tú que amaste a la Iglesia y recorriste el mundo anunciando el Evangelio, intercede por nosotros ante el Señor. Enséñanos a vivir con una fe firme, a amar a la Virgen María como tú la amaste, a defender la dignidad de toda persona y a servir con generosidad a nuestros hermanos. Que nunca tengamos miedo de seguir a Jesucristo y que, sostenidos por tu ejemplo, caminemos hacia la santidad. San Juan Pablo II, ruega por nosotros. Amén.