SEGUNDO DÍA — San Juan Pablo II, apóstol de la familia y defensor de la vida
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Lectura bíblica: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10).
Reflexión San Juan Pablo II amó profundamente la vida humana, desde su comienzo hasta su final natural. Comprendió que cada persona tiene una dignidad inmensa porque ha sido creada a imagen de Dios y amada personalmente por Él. Defendió con valentía la vida de los niños por nacer, acompañó a los jóvenes, animó a los matrimonios a vivir su vocación con fidelidad y recordó a los ancianos y enfermos que nunca dejan de ser valiosos a los ojos de Dios. También enseñó que la familia es un lugar privilegiado donde se aprende a amar, a perdonar, a compartir y a descubrir a Dios. Una familia cristiana no es una familia perfecta, sino una familia que, a pesar de sus dificultades, procura caminar unida y deja que Cristo habite en su hogar. Hoy necesitamos recuperar esa mirada. A veces la sociedad valora a las personas por lo que producen, por su juventud, por su salud o por su utilidad. Pero para Dios cada vida importa. Cada anciano, cada enfermo, cada niño y cada persona que se siente sola tiene una dignidad que nadie puede arrebatarle. Pidamos a san Juan Pablo II que proteja nuestras familias, fortalezca los matrimonios, sostenga a quienes atraviesan dificultades y nos ayude a ser defensores de toda vida humana.
Intención del día: Por las familias, los matrimonios en dificultad, las madres embarazadas, los enfermos, los ancianos y todas las personas que se sienten solas.
Oración final San Juan Pablo II, apóstol de la familia y defensor de la vida, enséñanos a reconocer el valor sagrado de cada persona. Que en nuestros hogares reine el amor, que sepamos perdonarnos y que nunca falte la esperanza en medio de las dificultades. Ruega por nuestras familias y ayúdanos a construir una cultura de la vida y del amor. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para todos los días San Juan Pablo II, pastor según el corazón de Cristo, tú que amaste a la Iglesia y recorriste el mundo anunciando el Evangelio, intercede por nosotros ante el Señor. Enséñanos a vivir con una fe firme, a amar a la Virgen María como tú la amaste, a defender la dignidad de toda persona y a servir con generosidad a nuestros hermanos. Que nunca tengamos miedo de seguir a Jesucristo y que, sostenidos por tu ejemplo, caminemos hacia la santidad. San Juan Pablo II, ruega por nosotros. Amén.