PRIMER DÍA — San Juan Pablo II, un hombre de fe y de oración
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Oh Dios, rico en misericordia, que elegiste a san Juan Pablo II para guiar a tu Iglesia en tiempos difíciles y anunciar al mundo la alegría del Evangelio, concédenos, por su intercesión, una fe firme, una esperanza viva y una caridad ardiente. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Lectura bíblica: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,14).
Reflexión
San Juan Pablo II fue un hombre que vivió profundamente unido a Jesucristo. Su fuerza no nacía solamente de su inteligencia, de su capacidad de trabajo o de su extraordinaria personalidad, sino, sobre todo, de su vida de oración. En medio de las dificultades, las persecuciones, los sufrimientos y las responsabilidades de su pontificado, nunca dejó de confiar en Dios. Había aprendido que la vida cristiana no consiste en no tener problemas, sino en caminar con el Señor incluso cuando la cruz se hace pesada.
También nosotros estamos llamados a vivir así. En nuestras familias, en el trabajo y en nuestra parroquia podemos encontrar momentos de cansancio, preocupación o desánimo. San Juan Pablo II nos recuerda que, cuando ponemos nuestra vida en manos de Dios, nuestras dificultades pueden convertirse en una oportunidad para crecer en la fe.
Pidámosle que nos enseñe a rezar con confianza, a participar con amor en la Eucaristía y a mantener encendida la luz de Cristo en nuestra vida.
Intención del día: Por nuestra parroquia, para que todos sus miembros crezcamos en la fe, perseveremos en la oración y demos testimonio de Cristo.
Oración final
San Juan Pablo II, hombre de profunda oración y testigo de la misericordia de Dios, ayúdanos a buscar siempre a Cristo, a confiar en Él en las dificultades y a ser luz para quienes viven a nuestro lado.
Ruega por nosotros y acompaña nuestro camino de santidad. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración para todos los días
San Juan Pablo II, pastor según el corazón de Cristo, tú que amaste a la Iglesia y recorriste el mundo anunciando el Evangelio, intercede por nosotros ante el Señor. Enséñanos a vivir con una fe firme, a amar a la Virgen María como tú la amaste, a defender la dignidad de toda persona y a servir con generosidad a nuestros hermanos. Que nunca tengamos miedo de seguir a Jesucristo y que, sostenidos por tu ejemplo, caminemos hacia la santidad.
San Juan Pablo II, ruega por nosotros.
Amén.