Una fiesta de San Francisco vivida con alegría y fraternidad

El pasado domingo 4 de octubre, nuestra parroquia de San Francisco y Santa Clara de Asís de Fuenlabrada se vistió de fiesta para celebrar a nuestro patrón, san Francisco de Asís. Fue una jornada muy especial, vivida en comunidad y con un motivo añadido de acción de gracias: nos encontramos en pleno Año Jubilar Franciscano, que se prolongará hasta el 10 de enero de 2027, con motivo del VIII centenario del tránsito de san Francisco.

La celebración central del día fue la Misa solemne, presidida por nuestro obispo, monseñor Ginés, de la diócesis de Getafe. Su presencia entre nosotros hizo todavía más significativa esta fiesta, ayudándonos a mirar a san Francisco no solo como una figura entrañable de la historia de la Iglesia, sino como un santo cuya vida continúa invitándonos hoy a vivir el Evangelio con sencillez, humildad, fraternidad y alegría. La propia parroquia había anunciado esta celebración como uno de los momentos señalados de este año jubilar.

La Palabra de Dios que escuchamos aquel domingo nos presentó la parábola de los viñadores (Mt 21, 33-46). Jesús habla de una viña cuidada con esmero por su dueño, que espera de ella buenos frutos. Y esta imagen nos puede ayudar también a contemplar la vida de san Francisco: Dios nos regala una viña, una vida, una comunidad, unos dones y una misión, y espera de nosotros frutos de amor.

Francisco supo responder a esa llamada dejando que el Evangelio transformara por completo su existencia. Su vida fue una respuesta generosa a Dios y una manera concreta de dar fruto: acercándose a los pobres, viviendo en fraternidad, cuidando la creación y anunciando a Cristo desde la sencillez y la alegría. También nosotros, como comunidad parroquial, estamos llamados a preguntarnos qué frutos quiere Dios que demos en nuestra propia realidad de Fuenlabrada.

Y después de la Eucaristía llegó otro de los momentos esperados: el encuentro en los salones parroquiales. Compartimos un refrigerio en un ambiente sencillo y familiar, prolongando alrededor de las mesas la alegría que habíamos celebrado en el altar. Porque una fiesta parroquial no termina con el último canto de la Misa: continúa cuando nos encontramos, conversamos, compartimos y disfrutamos de estar juntos.

Fue, en definitiva, un verdadero día de fiesta y alegría. Una jornada para dar gracias por nuestra parroquia, por quienes forman parte de ella y por el regalo de poder celebrar juntos nuestra fe. Un día para mirar a san Francisco y recordar que la santidad también puede vivirse con un corazón sencillo, cercano y alegre.

Que durante este Jubileo Franciscano sepamos seguir caminando tras las huellas del santo de Asís y hacer de nuestra parroquia una comunidad cada vez más unida, acogedora y alegre, capaz de dar buenos frutos para Dios y para quienes nos rodean.

¡Feliz fiesta de San Francisco de Asís! ¡Paz y bien!