La Corona Franciscana, también llamada Rosario de las Siete Alegrías de la Virgen María, es una devoción franciscana que contempla siete acontecimientos gozosos de la vida de la Virgen. Se reza con siete decenas, no con cinco como el Rosario tradicional.


Se comienza haciendo la señal de la Cruz:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Primera Alegría

La Anunciación del Ángel y la Encarnación del Hijo de Dios

Meditación

Contemplemos a la Virgen María en Nazaret. El ángel Gabriel es enviado por Dios para anunciarle el misterio de la Encarnación. María, humilde y obediente, recibe con fe la voluntad divina y responde:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y en aquel instante el Verbo eterno se hace carne en su seno.

Pidamos a María que nos enseñe a recibir con humildad y confianza todo aquello que Dios quiera de nosotros.

Padre nuestro.

Diez Avemarías:

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

(10 veces)

Gloria al Padre…


Segunda Alegría

La Visitación de María a su prima Santa Isabel

Meditación

Contemplemos a María, que después de recibir al Salvador no se encierra en sí misma, sino que se pone en camino con prontitud para servir a su prima Isabel.

Al entrar en su casa, Isabel, llena del Espíritu Santo, exclama:

«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre».

Y María proclama con alegría las grandezas que Dios ha realizado en ella:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador».

Pidamos a María un corazón humilde y generoso, siempre dispuesto a servir y a llevar a Cristo a los demás.

Padre nuestro.

Diez Avemarías.

Gloria al Padre…


Tercera Alegría

El Nacimiento de Jesús en Belén

Meditación

Contemplemos la alegría de María al dar a luz al Hijo de Dios. En la pobreza de Belén, en un humilde pesebre, nace Jesucristo, nuestro Salvador.

Los ángeles anuncian a los pastores la gran alegría:

«Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor».

María contempla y adora en silencio a aquel Niño que es verdaderamente su Hijo y verdaderamente Dios.

Pidamos que sepamos acoger a Jesús con la misma fe, humildad y amor con que lo recibió su Santísima Madre.

Padre nuestro.

Diez Avemarías.

Gloria al Padre…


Cuarta Alegría

La Adoración de los Magos

Meditación

Contemplemos a los Magos que, guiados por la estrella, llegan hasta Belén y encuentran al Niño Jesús con María, su Madre.

Al reconocer en aquel Niño al Rey y Salvador, se postran ante Él y le ofrecen sus dones: oro, incienso y mirra.

La alegría de María es contemplar cómo las naciones comienzan a reconocer y adorar a su Hijo.

Pidamos que también nosotros sepamos reconocer a Cristo como nuestro único Señor y ofrecerle todo cuanto somos y tenemos.

Padre nuestro.

Diez Avemarías.

Gloria al Padre…


Quinta Alegría

El hallazgo de Jesús en el Templo

Meditación

Contemplemos a María y José buscando con dolor a Jesús durante tres días. Finalmente lo encuentran en el Templo, sentado entre los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

María le dice:

«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Y Jesús responde:

«¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

María comprende que Jesús pertenece enteramente a su Padre celestial y guarda todas estas cosas en su corazón.

Pidamos a María que nunca permitamos que el pecado nos aparte de Jesús y que sepamos buscarlo siempre cuando nos sintamos alejados de Él.

Padre nuestro.

Diez Avemarías.

Gloria al Padre…


Sexta Alegría

La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo

Meditación

Contemplemos la inmensa alegría de María al saber que su Hijo ha resucitado gloriosamente de entre los muertos.

Aquel que había sufrido la Pasión y había muerto en la Cruz vive para siempre. La muerte ha sido vencida y las promesas de Dios se han cumplido.

La Resurrección de Cristo llena de esperanza a todos los que creen en Él y anuncia nuestra propia resurrección.

Pidamos a María que mantenga viva en nosotros la esperanza cristiana y que nos ayude a vivir siempre unidos a su Hijo resucitado.

Padre nuestro.

Diez Avemarías.

Gloria al Padre…


Séptima Alegría

La Asunción de María al cielo y su Coronación

Meditación

Contemplemos a la Santísima Virgen elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo.

Allí María contempla para siempre a su Hijo Jesucristo y participa de su gloria. Es recibida como Reina de los ángeles y de los santos, y permanece junto a Cristo intercediendo maternalmente por sus hijos.

La última alegría de María nos recuerda cuál es también nuestro destino: vivir eternamente con Dios.

Pidamos a nuestra Madre celestial que nos acompañe durante nuestra peregrinación en la tierra y nos conduzca finalmente a la gloria del cielo.

Padre nuestro.

Diez Avemarías.

Gloria al Padre…


Las dos últimas Avemarías

Según la tradición de la Corona Franciscana, después de las siete decenas se rezan dos Avemarías adicionales, en honor de los años que, según la antigua tradición, la Santísima Virgen habría transcurrido en la tierra antes de ser asunta al cielo.

Primera Avemaría:

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Segunda Avemaría:

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Oración final

Oh Dios, que por medio de la gloriosa Resurrección de tu Hijo Jesucristo has llenado de alegría al mundo, concédenos, por intercesión de la Virgen María, alcanzar los gozos de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

Oremos:

Señor Dios nuestro, concédenos a tus siervos gozar de perpetua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, líbranos de las tristezas presentes y concédenos disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.