Pocas personas han dedicado tanto esfuerzo a conocer y transmitir la Sagrada Escritura como San Jerónimo. Fue un hombre de carácter fuerte, apasionado por el estudio y profundamente enamorado de la Palabra de Dios.

Vivió en los primeros siglos del cristianismo, cuando la Iglesia todavía estaba consolidando y difundiendo la fe recibida de los apóstoles. En ese contexto, Jerónimo comprendió que conocer bien las Escrituras era fundamental para conocer mejor a Cristo.

Su vida estuvo marcada por el estudio, la oración, la penitencia y el deseo de servir a la Iglesia. Su trabajo como traductor y estudioso de la Biblia tuvo una enorme importancia para el cristianismo occidental.

¿Quién fue San Jerónimo?

San Jerónimo nació alrededor del año 347, en Estridón, una localidad situada en la región de Dalmacia, en una zona que actualmente se encuentra entre Croacia y Eslovenia.

Desde joven recibió una excelente formación. Estudió en Roma, donde aprendió gramática, literatura y filosofía.

Fue allí donde también recibió el Bautismo.

Jerónimo tenía una gran capacidad intelectual y un enorme interés por los textos antiguos. Pero poco a poco comprendió que quería dedicar sus conocimientos al servicio de Dios.

Decidió abrazar la vida cristiana con mayor profundidad y comenzó un camino de oración, estudio y penitencia.

Un hombre que buscaba a Dios

Jerónimo no tuvo una personalidad tranquila. Era apasionado, exigente y, en ocasiones, podía expresarse con mucha dureza.

Pero precisamente por eso resulta interesante conocer su historia.

La santidad no significa que una persona nazca con un carácter perfecto. Significa permitir que Dios transforme nuestra vida y nos ayude a crecer en virtud.

Jerónimo fue aprendiendo a poner sus capacidades, su inteligencia y también su fuerte personalidad al servicio de la fe.

Durante un período de su vida se retiró al desierto de Siria para vivir como ermitaño.

Allí llevó una vida de oración, ayuno y estudio.

Pero no abandonó los libros.

Al contrario, continuó estudiando profundamente las Escrituras y las lenguas necesarias para comprenderlas mejor.

El amor por la Sagrada Escritura

Para Jerónimo, la Biblia no era simplemente un conjunto de libros antiguos.

Era la Palabra de Dios, un tesoro que debía ser estudiado con seriedad y acogido con fe.

Por eso dedicó gran parte de su vida a aprender hebreo y griego, además del latín, para poder comprender mejor los textos bíblicos.

Su deseo era que los cristianos pudieran acceder a una traducción de las Escrituras que fuera fiel y comprensible.

De este trabajo surgió una de sus grandes contribuciones a la Iglesia: la traducción latina de gran parte de la Biblia que posteriormente sería conocida como la Vulgata.

¿Qué es la Vulgata?

La Vulgata es la traducción latina de la Biblia asociada principalmente con San Jerónimo.

Jerónimo revisó traducciones latinas anteriores y realizó nuevas traducciones directamente desde los textos hebreos y griegos.

Su trabajo se desarrolló durante muchos años y no consistió simplemente en traducir palabra por palabra. Estudió cuidadosamente las lenguas y el contexto de los textos para ofrecer una traducción lo más fiel posible.

La Vulgata llegó a tener una enorme influencia en la Iglesia de Occidente y fue utilizada durante siglos en la liturgia, la teología y la vida espiritual.

Por la importancia de su trabajo, San Jerónimo es considerado uno de los grandes estudiosos de la Sagrada Escritura de la historia de la Iglesia.

«Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo»

Una de las frases más conocidas de San Jerónimo expresa perfectamente su amor por la Biblia:

«Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».

Estas palabras resumen una convicción fundamental de la fe cristiana.

Para Jerónimo, leer la Biblia no era simplemente adquirir conocimientos. Era acercarse a Jesucristo.

Cuando abrimos los Evangelios, encontramos a Cristo. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, podemos descubrir su voluntad y aprender a vivir como discípulos.

Por eso, San Jerónimo nos invita a recuperar el gusto por la lectura de la Biblia.

Un maestro que también supo explicar la fe

Jerónimo no fue solamente traductor.

Escribió comentarios sobre numerosos libros de la Biblia y numerosas cartas en las que explicaba cuestiones relacionadas con la fe y la vida cristiana.

También defendió enseñanzas de la Iglesia frente a diferentes errores doctrinales de su época.

Su trabajo intelectual estuvo siempre unido a su vida espiritual.

Para él, estudiar la Biblia debía conducir a una vida más santa.

Porque conocer la Palabra de Dios sin dejar que transforme nuestro corazón no sería suficiente.

San Jerónimo y Belén

En los últimos años de su vida, Jerónimo se estableció en Belén, donde continuó estudiando, escribiendo y traduciendo las Escrituras.

Allí vivió cerca de los lugares relacionados con el nacimiento de Jesús.

Fundó comunidades monásticas y dedicó gran parte de su tiempo al estudio de la Biblia.

La tradición cuenta que murió en Belén alrededor del año 420.

Fue enterrado originalmente allí, aunque posteriormente sus restos fueron trasladados a Roma, donde se encuentran actualmente en la Basílica de Santa María la Mayor.

¿Por qué San Jerónimo es santo?

San Jerónimo es santo porque dedicó su vida a Dios, a la Iglesia y al estudio de su Palabra.

Su oración, su penitencia, su vida de estudio y su servicio a la Iglesia estuvieron unidos a un profundo deseo de conocer a Cristo.

La Iglesia lo reconoce como uno de los grandes Padres de la Iglesia y como Doctor de la Iglesia, título que reconoce la especial importancia de su enseñanza para la fe cristiana.

Su santidad no se encuentra solamente en sus conocimientos. Se encuentra en haber puesto esos conocimientos al servicio de Dios.

Jerónimo tenía una inteligencia extraordinaria, pero entendió que el verdadero conocimiento debía conducir al amor de Dios.

¿Por qué es importante recordar a San Jerónimo?

San Jerónimo tiene un mensaje muy actual.

Vivimos en una época en la que recibimos constantemente información, noticias, opiniones y mensajes. Sin embargo, podemos pasar mucho tiempo leyendo y muy poco tiempo leyendo aquello que alimenta verdaderamente nuestra vida espiritual.

Jerónimo nos recuerda la importancia de abrir la Biblia y escuchar a Dios.

No hace falta ser un gran estudioso para comenzar.

Podemos empezar leyendo unos pocos versículos del Evangelio cada día, meditando sus palabras y preguntándonos:

¿Qué me está diciendo Jesús hoy?

La Biblia no está destinada únicamente a sacerdotes, religiosos o expertos. Es un alimento espiritual para todos los cristianos.

Una cita bíblica relacionada con San Jerónimo

Una cita que refleja muy bien su misión es:

«No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4).

Jesús pronunció estas palabras durante su permanencia en el desierto.

San Jerónimo comprendió profundamente esta verdad: así como nuestro cuerpo necesita alimento, nuestra vida espiritual necesita alimentarse de Dios.

La Sagrada Escritura nos ayuda a conocer al Señor, comprender su voluntad y fortalecer nuestra fe.

También podemos recordar estas palabras del salmista:

«Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119,105).

Para un cristiano, la Palabra de Dios puede iluminar el camino, especialmente cuando aparecen dudas, dificultades o decisiones importantes.

¿Cuándo se celebra San Jerónimo?

La Iglesia Católica celebra a San Jerónimo el 30 de septiembre.

Esta fecha corresponde al día de su fallecimiento, alrededor del año 420.

El 30 de septiembre también tiene un significado especial para la Iglesia porque se celebra como una jornada dedicada a recordar el valor de la Sagrada Escritura.

De hecho, el Día Internacional de la Traducción también coincide con esta fecha, en parte debido a la enorme importancia de San Jerónimo como traductor.

¿Qué tipo de celebración es?

El 30 de septiembre se celebra la memoria de San Jerónimo, presbítero y Doctor de la Iglesia.

En el calendario romano general es una memoria obligatoria.

Su celebración nos invita especialmente a acercarnos a la Sagrada Escritura y a descubrir en ella una fuente de vida para nuestra fe.

San Jerónimo y la Biblia en nuestra vida

La vida de San Jerónimo nos deja una invitación muy sencilla:

Abramos la Biblia.

No la dejemos olvidada en una estantería.

Podemos comenzar por los Evangelios y leer lentamente las palabras y acciones de Jesús. Podemos detenernos en una frase que nos llame la atención y convertirla en oración.

San Jerónimo dedicó décadas a estudiar la Palabra de Dios porque sabía que allí podía encontrarse con Cristo.

Nosotros también podemos hacerlo.

No necesitamos conocer hebreo, griego o latín. Necesitamos acercarnos con un corazón dispuesto a escuchar.

Porque, como enseñaba San Jerónimo, cuando conocemos las Escrituras, conocemos mejor a Cristo.

Que su ejemplo nos ayude a amar más la Biblia, a leerla con atención, a meditarla con fe y, sobre todo, a llevarla a nuestra vida.

San Jerónimo, presbítero y Doctor de la Iglesia, ruega por nosotros y ayúdanos a descubrir cada día a Cristo en la Sagrada Escritura.